La tormenta de Santa Rosa tiene origen en una religiosa ahuyentando a piratas holandeses. La historia de la mujer que desató una tormenta y salvó a su pueblo.
Fue la primera santa nacida en América y su figura sigue viva más de cuatro siglos después. Santa Rosa de Lima, cuyo nombre original era Isabel Flores de Oliva, eligió un camino de radical entrega espiritual en la Lima colonial del siglo XVII. Su figura es relacionada todos los 30 de agosto con la tormenta que suele desatarse con intensidad.
Sin ingresar formalmente a un convento, Isabel llevó una vida de penitencia, oración y servicio a los pobres desde su propio hogar.
Canonizada en 1671 por el papa Clemente X, se convirtió en símbolo religioso y cultural de todo el continente. En la Argentina, durante las luchas emancipadoras, su figura fue adoptada como patrona de la independencia por su ejemplo de fe y fortaleza.
La “tormenta de Santa Rosa”
Su festividad, cada 30 de agosto, quedó ligada popularmente a un fenómeno meteorológico: la llamada “tormenta de Santa Rosa”. Según la tradición, en 1615 Rosa se refugió a rezar en una iglesia cuando piratas holandeses amenazaban Lima. Una tempestad inesperada dispersó a la flota enemiga y el hecho fue interpretado como un milagro atribuido a sus oraciones.
Rosa rezó pidiendo una gran tormenta que desarmara a la flota atacante. Era el 30 de agosto y el invierno es la temporada seca en esa zona. Sin embargo, el cielo llegó a nublarse y se desató un gigantesco temporal que frustró el objetivo de los invasores. Este hecho aumentó la fama de santidad y la popularidad de Rosa, que aún no llegaba a los 30 años.
Desde entonces, la leyenda que circula en todo América del Sur, atribuye que en esa fecha suelen ocurrir lluvias intensas. La ciencia, sin embargo, explica que entre fines de agosto y comienzos de septiembre se produce un cambio estacional: masas de aire cálido y húmedo chocan con frentes fríos, lo que genera precipitaciones.
Una figura continental
Más allá de las leyendas, Rosa fue una joven radical y luminosa que eligió amar a Dios con un fervor que desafió su tiempo. En Buenos Aires, su devoción se materializó en la Basílica que lleva su nombre, inaugurada en 1934 y consagrada en 1941, uno de los templos más emblemáticos de la capital.
Santa Rosa también es la Patrona de la Independencia Sudamericana. El Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata que se reunió en 1816 en la ciudad de San Miguel del Tucumán emuló a la Santa para pedir a los cielos por el éxito del proceso revolucionario.
Hoy, su rostro y su nombre se multiplican en calles, ciudades, hospitales y parroquias de toda América. A más de cuatro siglos de su muerte, Santa Rosa de Lima sigue siendo presencia espiritual y cultural, uniendo lo místico con lo popular, y lo religioso con lo natural.